Aprendizaje en Viena, ciudad de grandes maestros
Cuando vivís algo que en el momento parece malo, después de procesar el hecho y más aun si termina bien, se va transformando en enseñanza y hasta pasa a ser motivo de diversión al recordarlo. En Viena nos pasó algo de este estilo. Estábamos mirando obras de Loos (uno de los máximos exponentes de arquitectura vienesa) en las afueras de Viena con Marisa y Alvarito; cuando llegamos a la estación Urbión a Diego y a mi se nos dio por pelear. En el medio de todo el barullo ellos nos preguntan: "Nosotros seguimos... ustedes que hacen?", a lo que, metidos en nuestros asuntos, contestamos: "Sigan". Cuando se está inmerso en esos momentos uno se nubla y deja de pensar. Luego te sentís un idiota por no haberlo hecho. Cuando caímos en la realidad del asunto, nos dimos cuenta de que no sabíamos como llegar solos a ningun lado y nuestro amigos se habían ido. Nos miramos y sin decir nada bajamos la escalera del metro a toda velocidad; la imagen no fue esperanzadora: dos metros patían, para un lado y para el otro; no teníamos como saber para que lado ir; nos quedamos por unos segundo mirando cada ventanilla que pasaba a ver si por esas casualidades de la vida, los veíamos... pero nada. "Qué hacemos?", pregunto ya con tono conciliador. "Y...habrá que preguntar", contesta Diego. Para ese entonces la pelea que, dicho sea de paso, fue por una tontería, había quedado en segundo plano. Ahora lo importante era como seguir con el itinerario y luego como volver al camping que quedaba en un pueblo bastante lejos del centro de Viena. "Speak spanish?", le pregunta a una chica; Recibimos un "Nou" por respuesta. "For Here?", vuelve a insistir Diego mostrandole un punto en el mapa al que queríamos ir. La chica en afán de ayudarnos comenzó a hacer varios gestos y ademanes pero nos costaba mucho entenderle. La situación me sobrepasó y rompí a llorar como una niña. Al verme la muchacha nos tomó de la mano y se acercó hacia un tranvía; le preguntó algo al conductor con el mapa en la mano y volvió a tomarnos de las manos, esta vez para llevarnos nuevamente al metro escaleras abajo. Nos señaló uno de los metros que estaban parados y nos muestró en un cartel la parada en donde bajarnos, esforzándose en exagerar la dicción para que entendiéramos. Entre besos y abrazos la despedimos como si la conociéramos hace años y corrimos hacia el metro que ya cerraba sus puertas para irse. Al entrar nos abrazamos y ya todo lo malo había quedado atrás. De ahí en mas una serie de hechos fueron haciendo que tomáramos conciencia de lo lindo que es todo esto y de la innecesaria y estúpida costumbre que tiene el ser humano de querer echarlo a perder. Gente con mucha amabilidad nos ayudó a que ese día pudiéramos seguir conociendo Viena e hizo que lleguemos, en última instancia, al centro de la ciudad. Luego de recorrer algo del centro histórico nos sentamos frente a la "Catedral de San Esteban", la principal y mas grande de todo Viena. Ya totalmente abiertos para seguir disfrutando quisimos tomar la precaución, ante de que caiga la noche, de averiguar cómo volver al camping del cual solo sabíamos el nombre. Sin perder la calma empezamos a estudiar nuevamente el mapa; y una vez mas se cumplió una teoría; esa que dice que cuando necesitas algo, no hay ni que buscarlo, simplemente aparece. Así fue que, sin saber bien en que momento, como por arte de magia, Marisa y Alvarito aparecieron frente a nosotros; y como si nada hubiese pasado y nunca nos hubieramos separado, May dice: "Llegaron!... Bueno, por donde seguimos?"...
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