lunes, 27 de julio de 2009
2500 km en 10 días
El último día en París entró en escena la protagonista de este diario: La Camioneta. Los días de ahí en mas se hicieron cortos en tiempo pero largos en contenido, ya que teniendo vehículo propio el itinerario se hace mas acelerado y con mucho para conocer en pocos días. También entró en acción el querido amigo "camping" pues hay que empezar a ajustar el presupuesto y tratar de abaratar lo mas posible los costos de alojamiento. Esto supone armar y desarmar en el día a día, así que ya estamos a punto de hacernos expertos en el tema. Comenzaron también, como no podía ser de otra manera, las diferencias entre los integrantes: "Yo quiero ir ahí"...."A mi ahí no me interesa, pero vamos..."...." Para mi ahi no vale la pena ir"... "me bajás un cachito la música que está muy fuerte"; y cosas del estilo pero como diría el otro hijo de mi madre, o sea, mi hermano: "problemas tenemos todos!". Pero mas allá de todo el grupo bien, la vamos llevando con bastante armonía, a excepción de los momentos de incomodidad extrema, en los cuales la irritabilidad sale a flote y salta alguna que otra agresividad; en esos momentos lo mejor es contar hasta tres y tomar un poco de aire, como dice mi querido Dalai.
El salpicón de ciudades de estos primeros diez días de camioneta fue bastante amplio, en la mayor parte visitando Reino Unido; de Lille a Calais, de Calais a Dover, de Dover a Standsted, de Standsted a Londres, de Londres a Cambridge, de Cambridge a Leicester, de Leicester a York, de York a Gateshead, de Gateshead a New Castle, de New Castle a Edimburgo, de Edimburgo a Glasgow y hoy, al décimo día, rumbo a Manchester, para seguir por Liverpool y Bath... Uyyy!! Al escribirlo tomo conciencia del motivo de mi cansancio... Dentro de toda esta travesía quiero destacar un momento especial para mi, ya sea por ser un momento de tranquilidad dentro de la locura del viaje, o ya sea por ser un momento de disfrute en un lugar mágico: degustar un delicioso "orange tea" en " The Willows Tea Room" , del arquitecto Mackintosh en Glasgow. Fue como revivir una típica costumbre escosesa en un lugar realizado por el principal exponente de su arquitectura: Charles René Mackintosh. Así que preparen sus oídos y sus narices; los dejo en doble compañía: por un lado, del silencio de ese lugar; y por otro, del olorcito a naranja que desprende de mi taza.
miércoles, 15 de julio de 2009
Un pañuelo...
Un pañuelo...
Nos pasaron el pique de que en el comedor de la "Cité Université" se comía rico y barato ya que es para los estudiantes como nosotros. Ya habíamos ido el primer día que llegamos a París y decidimos volver al cuarto día a poder disfrutar nuevamente de una comida "como en casa". Allá fuimos. Llegamos, pedimos el menú básico de dos euros con ochenta centécimos y nos acomodamos en una mesa a saborear el delicioso arroz con estofado. Cuando estábamos los cinco sentados (Alvarito, May, Andre, Dieguis y yo), con nuestros platos llenos, se oye una pregunta: “¿De donde son?” (obvio que era para nosotros) “Uruguayos”, contesta Alvarito. Un muchacho sentado en la misma mesa nos había escuchado hablar en español; “Yo soy argentino”, contesta el muchacho, “Y él es chileno”, prosigue señalando a su amigo. Él era de Jujuy y estaba becado haciendo un master en París desde hace dos años. Seguimos conversando un poco más de sus vidas y en eso estábamos cuando caen otros dos pibes, saludan y se sientan también en nuestra mesa. Y se integran a la conversación: “Qué? Son uruguayos?, Yo también.”, dice uno de ellos. Montevideano y porteño becados en París por un año. “Son de arquitectura?”, nos dice, y prosigue: “El año pasado me dejaron un montón de cosas de camping un grupo de arquitectura. Si quieren algo les puedo dar porque se me termina la beca en agosto y tengo que deshacerme de las cosas”. Nuestras caras se iluminaron. Sin titubear, Andrea, que había estado callada hasta ese momento,inmediatamente se arma de lápiz y papel y le dice: “Pasame tu teléfono”(de arriba un rayo). A tres días de la entrega de la camioneta ya negociábamos utensillos y sillas de camping; me retracto, más que negociar, nos caían del cielo ya que el pibe no nos pedía nada a cambio. El almuerzo continuó entre bromas y risas conociendo a estos cuatro personajes que, minutos antes, no sabíamos de su existencia y que ahora nos solucionaban, en gran parte, el sustento económico del viaje. “Donde vivís allá en Montevideo?”, le pregunto. “En Carlos María Morales”, contesta. Al oír esto, Marisa salta con otra pregunta: “Ahhh, no conocés a Quique?”. No hubo respuesta a su pregunta ya que al parecer no la escuchó. La conversación se derivó en otros temas y luego de un rato, Marisa vuelve a escuchar algo del Edificio del Banco Hipotecario en Carlos María Morales e insiste: “Pero entonces… no conocés a Federico Ferla?”. El Uruguayo queda sorprendido y dice: “Si hay algo que no esperaba escuchar en el día de hoy es el nombre de Federico Ferla”. Y Marisa vuelve a preguntar: “ Y a Quique?”, él contesta: “Claro, yo dormía en el cuarto de Quique”… El porteño se levanta tomándose la cabeza y con su clásico canto dice: “No puede ser! Son cinco y se conocen todos!!”. Quique es el primo de Marisa que vivió con Federico Ferla (su amigo) en la casa que años después, por esas casualidades de la vida, pasó a ser del hermano de Federico y de sus amigos entre los que se encontraba este muchacho. Un conjunto correlativo de sucesos que confirman, una vez más, la famosa frase de que “el mundo es un pañuelo”.
Nos pasaron el pique de que en el comedor de la "Cité Université" se comía rico y barato ya que es para los estudiantes como nosotros. Ya habíamos ido el primer día que llegamos a París y decidimos volver al cuarto día a poder disfrutar nuevamente de una comida "como en casa". Allá fuimos. Llegamos, pedimos el menú básico de dos euros con ochenta centécimos y nos acomodamos en una mesa a saborear el delicioso arroz con estofado. Cuando estábamos los cinco sentados (Alvarito, May, Andre, Dieguis y yo), con nuestros platos llenos, se oye una pregunta: “¿De donde son?” (obvio que era para nosotros) “Uruguayos”, contesta Alvarito. Un muchacho sentado en la misma mesa nos había escuchado hablar en español; “Yo soy argentino”, contesta el muchacho, “Y él es chileno”, prosigue señalando a su amigo. Él era de Jujuy y estaba becado haciendo un master en París desde hace dos años. Seguimos conversando un poco más de sus vidas y en eso estábamos cuando caen otros dos pibes, saludan y se sientan también en nuestra mesa. Y se integran a la conversación: “Qué? Son uruguayos?, Yo también.”, dice uno de ellos. Montevideano y porteño becados en París por un año. “Son de arquitectura?”, nos dice, y prosigue: “El año pasado me dejaron un montón de cosas de camping un grupo de arquitectura. Si quieren algo les puedo dar porque se me termina la beca en agosto y tengo que deshacerme de las cosas”. Nuestras caras se iluminaron. Sin titubear, Andrea, que había estado callada hasta ese momento,inmediatamente se arma de lápiz y papel y le dice: “Pasame tu teléfono”(de arriba un rayo). A tres días de la entrega de la camioneta ya negociábamos utensillos y sillas de camping; me retracto, más que negociar, nos caían del cielo ya que el pibe no nos pedía nada a cambio. El almuerzo continuó entre bromas y risas conociendo a estos cuatro personajes que, minutos antes, no sabíamos de su existencia y que ahora nos solucionaban, en gran parte, el sustento económico del viaje. “Donde vivís allá en Montevideo?”, le pregunto. “En Carlos María Morales”, contesta. Al oír esto, Marisa salta con otra pregunta: “Ahhh, no conocés a Quique?”. No hubo respuesta a su pregunta ya que al parecer no la escuchó. La conversación se derivó en otros temas y luego de un rato, Marisa vuelve a escuchar algo del Edificio del Banco Hipotecario en Carlos María Morales e insiste: “Pero entonces… no conocés a Federico Ferla?”. El Uruguayo queda sorprendido y dice: “Si hay algo que no esperaba escuchar en el día de hoy es el nombre de Federico Ferla”. Y Marisa vuelve a preguntar: “ Y a Quique?”, él contesta: “Claro, yo dormía en el cuarto de Quique”… El porteño se levanta tomándose la cabeza y con su clásico canto dice: “No puede ser! Son cinco y se conocen todos!!”. Quique es el primo de Marisa que vivió con Federico Ferla (su amigo) en la casa que años después, por esas casualidades de la vida, pasó a ser del hermano de Federico y de sus amigos entre los que se encontraba este muchacho. Un conjunto correlativo de sucesos que confirman, una vez más, la famosa frase de que “el mundo es un pañuelo”.
sábado, 11 de julio de 2009
Una Bienvenida digna de recordar
Una Bienvenida digna de recordar
París es sinónimo de orden y glamour, de elegancia y amabilidad... un lugar donde cada pieza está en su lugar; cuidadosamente pensada. Igualmente como es de costumbre, nuestra llegada fue un tanto caótica, pero nada tiene que ver París en esto sino que todo se reduce a nuestra incapacidad para comunicarnos con los franceses y para ubicarnos en la nueva ciudad. En el aeropuerto nos enteramos que el hotel que habíamos reservado desde Montevideo, y donde nos esperaban Marisa y Alvarito recién llegados de Uruguay, era a las afueras, en la periferia; preguntamos en información y luego de abrir un gran mapa nos contestó: "Out the map"; sabía que quería decir “Out” pero realmente no quería creerlo. Luego de debatir nos decidimos a ir en taxi; "How much the taxi?", preguntamos; “50 Euros”, nos contesta. Sabíamos que París era uno de los destinos mas caros pero nunca nos imaginamos que tanto. No había otra opción que encarar con las combinaciones de trenes así que allá fuimos. Nos tomábamos un tren y otro, y paseábamos de estación en estación, ya que no entendíamos muy bien las indicaciones y le errábamos a la combinación. Volvíamos a lugares en donde ya habíamos estado y volvíamos a tomarnos el mismo tren. Finalmente llegamos a la estación correcta, pero para ese entonces ya había caído la noche. Aunque el lugar estaba totalmente desolado, no sentimos miedo porque el orden seguía reinando. A lo lejos vimos una señora morena que venía en nuestra dirección. Era como salida de unos de los personajes de Eddy Murphy en el "Profesor Chiflado"; le pregunto por la dirección del hotel. Mira a los alrededores y ve un hombre que está saliendo de una casa; le grita desacatadamente como quien pide auxilio si se estuviese ahogando y va en su búsqueda golpeando fuertemente sus tacones altos al correr . El hombre la espera. La escucha atentamente y ella nos hace señas como queriéndonos hacer entender que nos dejaba en buenas manos. Nos saluda enérgicamente y se va. El hombre nos sonríe amablemente y pregunta: “Speak Spanish?”, Yes!!, contestamos a coro con Diego. Se dirige hacia el edificio del que minutos antes había salido, habla con alguien por el portero eléctrico y en unos instantes aparece la hija: “Chog habloug algo dues espagñol”. Estamos salvados, pensé. Mi inglés básico lo había afianzado bastante después de mis 20 días en USA, pero de francés, solo Mergcí. “No sabemos donde queda esta dirección”, y le muestro el papelito con la dirección y teléfonos anotados. Llama por celular al hotel y le indican donde queda. “Cercau”, no dice. Nosotros esperando que nos indique como hacer para llegar la seguimos y nos llevan hasta un auto y nos dice, “Nosotgros los lievamos”. Amablemente nos alcanzaron al Hotel que quedaba a unos minutos de donde estábamos. Fascinados con la hospitalidad demostrada por los franceses en tiempo récord ya que solo hacía tres horas de llegados a París, nos reencontramos con nuestro grupo de amigos en el hotel y nos dispusimos a descansar. Esta ciudad merece ser bien vivida.
París es sinónimo de orden y glamour, de elegancia y amabilidad... un lugar donde cada pieza está en su lugar; cuidadosamente pensada. Igualmente como es de costumbre, nuestra llegada fue un tanto caótica, pero nada tiene que ver París en esto sino que todo se reduce a nuestra incapacidad para comunicarnos con los franceses y para ubicarnos en la nueva ciudad. En el aeropuerto nos enteramos que el hotel que habíamos reservado desde Montevideo, y donde nos esperaban Marisa y Alvarito recién llegados de Uruguay, era a las afueras, en la periferia; preguntamos en información y luego de abrir un gran mapa nos contestó: "Out the map"; sabía que quería decir “Out” pero realmente no quería creerlo. Luego de debatir nos decidimos a ir en taxi; "How much the taxi?", preguntamos; “50 Euros”, nos contesta. Sabíamos que París era uno de los destinos mas caros pero nunca nos imaginamos que tanto. No había otra opción que encarar con las combinaciones de trenes así que allá fuimos. Nos tomábamos un tren y otro, y paseábamos de estación en estación, ya que no entendíamos muy bien las indicaciones y le errábamos a la combinación. Volvíamos a lugares en donde ya habíamos estado y volvíamos a tomarnos el mismo tren. Finalmente llegamos a la estación correcta, pero para ese entonces ya había caído la noche. Aunque el lugar estaba totalmente desolado, no sentimos miedo porque el orden seguía reinando. A lo lejos vimos una señora morena que venía en nuestra dirección. Era como salida de unos de los personajes de Eddy Murphy en el "Profesor Chiflado"; le pregunto por la dirección del hotel. Mira a los alrededores y ve un hombre que está saliendo de una casa; le grita desacatadamente como quien pide auxilio si se estuviese ahogando y va en su búsqueda golpeando fuertemente sus tacones altos al correr . El hombre la espera. La escucha atentamente y ella nos hace señas como queriéndonos hacer entender que nos dejaba en buenas manos. Nos saluda enérgicamente y se va. El hombre nos sonríe amablemente y pregunta: “Speak Spanish?”, Yes!!, contestamos a coro con Diego. Se dirige hacia el edificio del que minutos antes había salido, habla con alguien por el portero eléctrico y en unos instantes aparece la hija: “Chog habloug algo dues espagñol”. Estamos salvados, pensé. Mi inglés básico lo había afianzado bastante después de mis 20 días en USA, pero de francés, solo Mergcí. “No sabemos donde queda esta dirección”, y le muestro el papelito con la dirección y teléfonos anotados. Llama por celular al hotel y le indican donde queda. “Cercau”, no dice. Nosotros esperando que nos indique como hacer para llegar la seguimos y nos llevan hasta un auto y nos dice, “Nosotgros los lievamos”. Amablemente nos alcanzaron al Hotel que quedaba a unos minutos de donde estábamos. Fascinados con la hospitalidad demostrada por los franceses en tiempo récord ya que solo hacía tres horas de llegados a París, nos reencontramos con nuestro grupo de amigos en el hotel y nos dispusimos a descansar. Esta ciudad merece ser bien vivida.
miércoles, 8 de julio de 2009
Sucundum... sucundum
Sucundum... sucundum
Después de los días vividos en El Cairo, nada mejor que bajar la pelota al piso y volver a armar el equipo. Santorini es una belleza; no en vano etimológicamente, antes de la explosión volcánica que cambió su identidad, su nombre significaba: "la mas bella".Es naturaleza en su máxima expresión; gente buena onda, precios accesibles, alojamientos baratos con comodidades, arenas rojas, arenas negras, olas, el viento y el frío del mar... Tiene como mayor atractivo el de poseer la caldera mas grande del mundo, aunque lo cierto es que todavía no se muy bien a qué se refiere, supongo que al interior del volcán... pero por lo menos les pasé el dato. Presenta también un paisaje muy pintoresco, con sus casitas blancas de techos curvos en color azul. Es obligación para aquellos que construyen, que mantengan esta imagen característica, así que casas “estilo arquitectura", como diría mi amiga la Dani, no se ven por acá. En bastante pequeña por lo que haciendo caso a las recomendaciones, alquilamos una moto para recorrerla. Así pudimos conocer Fira, la capital de la isla y ver la caldera desde cerca. La noche en esta isla no es como en las demás del archipiélago, aunque solo puedo compararlas por lo que dicen compañeros que estuvieron en Mikonos o Ios; aquí la noche no explota, sino que "te" explota, ya que llegadas las 22, 23 horas ya no queres mas que descansar disfrutando del silencio mezclado con cantos de grillos. En este momento son las 23 horas de nuestra última noche aquí por lo que antes de partir les pido que se relajen, tomen aire y con un poco de esfuerzo e imaginación, sientan conmigo la paz de Santorini...
Después de los días vividos en El Cairo, nada mejor que bajar la pelota al piso y volver a armar el equipo. Santorini es una belleza; no en vano etimológicamente, antes de la explosión volcánica que cambió su identidad, su nombre significaba: "la mas bella".Es naturaleza en su máxima expresión; gente buena onda, precios accesibles, alojamientos baratos con comodidades, arenas rojas, arenas negras, olas, el viento y el frío del mar... Tiene como mayor atractivo el de poseer la caldera mas grande del mundo, aunque lo cierto es que todavía no se muy bien a qué se refiere, supongo que al interior del volcán... pero por lo menos les pasé el dato. Presenta también un paisaje muy pintoresco, con sus casitas blancas de techos curvos en color azul. Es obligación para aquellos que construyen, que mantengan esta imagen característica, así que casas “estilo arquitectura", como diría mi amiga la Dani, no se ven por acá. En bastante pequeña por lo que haciendo caso a las recomendaciones, alquilamos una moto para recorrerla. Así pudimos conocer Fira, la capital de la isla y ver la caldera desde cerca. La noche en esta isla no es como en las demás del archipiélago, aunque solo puedo compararlas por lo que dicen compañeros que estuvieron en Mikonos o Ios; aquí la noche no explota, sino que "te" explota, ya que llegadas las 22, 23 horas ya no queres mas que descansar disfrutando del silencio mezclado con cantos de grillos. En este momento son las 23 horas de nuestra última noche aquí por lo que antes de partir les pido que se relajen, tomen aire y con un poco de esfuerzo e imaginación, sientan conmigo la paz de Santorini...
martes, 7 de julio de 2009
Caso Cerrado
Caso Cerrado
Para irnos de Egipto contratamos un taxi que nos trasladara al aeropuerto ya que con las maletas se nos complicaba bastante. El árabe conductor llegó a las siete de la mañana a buscarnos al Hostal. Todo pronto para partir. En el camino iba pensando y reflexionando acerca de estos dos días en el Cairo; al final de cuentas no había sido tan malo; tal vez había prejuzgado demasiado a los egipcios. En ese momento estaba cuando noto al conductor un tanto inquieto con el tránsito. Baja la ventana y grita algo en árabe al auto de al lado, pero se entendía que no era algo muy feliz. Vuelve a cerrar la ventana y comenta: "the woman in the kitchen". Levanto la vista y observo que en el otro auto conducía una mujer. Comenzó a hacer bromas y explicaciones, un poco en inglés, un poco en árabe, sobre lo mal que manejaban las mujeres y que no entendía como eran mas mujeres que hombres los que conducían en su país, y reiteró unas cinco o seis veces mas: "The woman in the kitchen". Por suerte el viaje duró solo unos 30 minutos porque mis colores ya subían a un tono violáceo; mi contención estaba a punto de la ebullición. "What terminal?", preguntó al llegar al aeropuerto. "I don´t know", dijimos, y se volvió a enfadar recriminandonos que tendríamos que haber averiguado antes, que él no podía perder tiempo; en eso vemos a lo lejos un cartel: "Cyprus Airlines in the terminal 1"; "Terminal One", le dice Andrea. El hombre se calmó un poco y nos llevó. Cuando bajamos decidimos juntar entre los tres la plata en Pounds egipcios que nos quedaba para dárselo de propina. Eran 30 en total. Al entregárselo el hombre pasó del odio al amor en un instante: "Tanks you, tank you", y sonrisas amistosas. Las actitudes de este hombre me ayudaron a cerrar mi concepción de los egipcios: Machistas, impertinentes, interesados y materialistas.
Para irnos de Egipto contratamos un taxi que nos trasladara al aeropuerto ya que con las maletas se nos complicaba bastante. El árabe conductor llegó a las siete de la mañana a buscarnos al Hostal. Todo pronto para partir. En el camino iba pensando y reflexionando acerca de estos dos días en el Cairo; al final de cuentas no había sido tan malo; tal vez había prejuzgado demasiado a los egipcios. En ese momento estaba cuando noto al conductor un tanto inquieto con el tránsito. Baja la ventana y grita algo en árabe al auto de al lado, pero se entendía que no era algo muy feliz. Vuelve a cerrar la ventana y comenta: "the woman in the kitchen". Levanto la vista y observo que en el otro auto conducía una mujer. Comenzó a hacer bromas y explicaciones, un poco en inglés, un poco en árabe, sobre lo mal que manejaban las mujeres y que no entendía como eran mas mujeres que hombres los que conducían en su país, y reiteró unas cinco o seis veces mas: "The woman in the kitchen". Por suerte el viaje duró solo unos 30 minutos porque mis colores ya subían a un tono violáceo; mi contención estaba a punto de la ebullición. "What terminal?", preguntó al llegar al aeropuerto. "I don´t know", dijimos, y se volvió a enfadar recriminandonos que tendríamos que haber averiguado antes, que él no podía perder tiempo; en eso vemos a lo lejos un cartel: "Cyprus Airlines in the terminal 1"; "Terminal One", le dice Andrea. El hombre se calmó un poco y nos llevó. Cuando bajamos decidimos juntar entre los tres la plata en Pounds egipcios que nos quedaba para dárselo de propina. Eran 30 en total. Al entregárselo el hombre pasó del odio al amor en un instante: "Tanks you, tank you", y sonrisas amistosas. Las actitudes de este hombre me ayudaron a cerrar mi concepción de los egipcios: Machistas, impertinentes, interesados y materialistas.
sábado, 4 de julio de 2009
En Tierra de Cleopatra
En Tierra de Cleopatra
Si pensaba que Turquía era otro mundo, Egipto entonces lo tendré que definir como "otra galaxia". Realmente aqui sí pesa mucho las diferencias de cultura. No hay quien no te observe por la calle; las miradas de los egipcios hacia los turistas me resultaron hasta intimidantes; la mujeres son más anuladas que el Turquía; no ves a casi ninguna sin pañuelo en la cabeza y haciendo casi 40 grados de calor están de manga larga y polleras hasta los pies. El primer día salí a pasear de musculosa y ya a la noche decidí camuflarme con un buzo, pantalón y tapandome la cabeza con un pañuelo Los hombres están aun mas para el negocio. En comparación con el turco, que es pesado pero amigable, el egipcio no trata de venderte mas caro sino que me da la impresión que trata de engañarte. He estado aqui dos días, y les puedo asegurar que he vivido muchos momentos de tensión que hasta ahora no había experimentado. Me da un poco de pena ya que hay gente muy buena onda que cuando pasamos nos grita: "Welcome to the El cairo!", pero en lo que a mi respecta, lo malo aquí va pesando mas. La ida a las pirámides que es una maravilla y aun más haciéndolo en camello, no lo pudimos disfrutar al máximo con todo lo que se genera alrededor. Me llevo la sensación de que al egipcio muy poco le importa la experiencia que tenga el turista, no lo cuidan, y tratan de currarle en todo. Les diría que las propinas son casi que obligatorias así que al precio que te dicen en un principio seguro le vas a tener que sumar algunos euros mas, ya que sino se las arreglan para hacerte sentir incomodo. El tránsito es imposible, era una travesía para poder cruzar las avenidas porque igual te pasan por arriba, no respetan ninguna señal y te lo dice una uruguaya que está mas que acostumbrada al tránsito caótico; tocan bocina todo el tiempo y el peatón no tiene ningún tipo de preferencia.
Una de los paseos mas hermosos y significativos que hicimos fue el caminar sobre los bordes del Río Nilo; el reflexionar lo importante que ha sido este río como sustento para esta civilización lo hizo aun mas interesante. Dimos en el clavo que los viernes para ellos sería como un domingo en Uruguay, por lo que vimos mucha gente paseando en familia y muchos negocios y puestos abiertos hasta tarde.Una anécdota de este paseo: Andrea llevaba puesta una musculosa y una pollera larga hasta las rodillas; a todos les llamaba la atención, pero aun mas a unos niños que se reían de ella y le gritaban “Bitch”; luego la persiguieron y le tocaron su parte trasera. Es increíble el gran trecho que existe entre una cultura y otra. Me es muy difícil comprender esto, pero así fue. Sin intención de juzgar a nadie, creo que se han quedado bastante en el tiempo en relación a otras culturas, sobre todo en lo que tiene que ver con la independencia y liberación de la mujer. Lógicamente ninguno de estos niños son culpables de esta situación, y tal vez yo lo vea así desde mi óptica occidental, pero indudablemente fue una de las cosas que mas me chocó.
Tampoco caben dudas que fue todo una experiencia nueva el haber hecho el esfuerzo de ir a El Cairo, pero es una de las ciudades que no pensaría en volver ya que me dejó con un gusto amargo. Es número uno en el ranking de lo raro y exótico. Una experiencia única hasta ahora aunque espero que irrepetible.
Si pensaba que Turquía era otro mundo, Egipto entonces lo tendré que definir como "otra galaxia". Realmente aqui sí pesa mucho las diferencias de cultura. No hay quien no te observe por la calle; las miradas de los egipcios hacia los turistas me resultaron hasta intimidantes; la mujeres son más anuladas que el Turquía; no ves a casi ninguna sin pañuelo en la cabeza y haciendo casi 40 grados de calor están de manga larga y polleras hasta los pies. El primer día salí a pasear de musculosa y ya a la noche decidí camuflarme con un buzo, pantalón y tapandome la cabeza con un pañuelo Los hombres están aun mas para el negocio. En comparación con el turco, que es pesado pero amigable, el egipcio no trata de venderte mas caro sino que me da la impresión que trata de engañarte. He estado aqui dos días, y les puedo asegurar que he vivido muchos momentos de tensión que hasta ahora no había experimentado. Me da un poco de pena ya que hay gente muy buena onda que cuando pasamos nos grita: "Welcome to the El cairo!", pero en lo que a mi respecta, lo malo aquí va pesando mas. La ida a las pirámides que es una maravilla y aun más haciéndolo en camello, no lo pudimos disfrutar al máximo con todo lo que se genera alrededor. Me llevo la sensación de que al egipcio muy poco le importa la experiencia que tenga el turista, no lo cuidan, y tratan de currarle en todo. Les diría que las propinas son casi que obligatorias así que al precio que te dicen en un principio seguro le vas a tener que sumar algunos euros mas, ya que sino se las arreglan para hacerte sentir incomodo. El tránsito es imposible, era una travesía para poder cruzar las avenidas porque igual te pasan por arriba, no respetan ninguna señal y te lo dice una uruguaya que está mas que acostumbrada al tránsito caótico; tocan bocina todo el tiempo y el peatón no tiene ningún tipo de preferencia.
Una de los paseos mas hermosos y significativos que hicimos fue el caminar sobre los bordes del Río Nilo; el reflexionar lo importante que ha sido este río como sustento para esta civilización lo hizo aun mas interesante. Dimos en el clavo que los viernes para ellos sería como un domingo en Uruguay, por lo que vimos mucha gente paseando en familia y muchos negocios y puestos abiertos hasta tarde.Una anécdota de este paseo: Andrea llevaba puesta una musculosa y una pollera larga hasta las rodillas; a todos les llamaba la atención, pero aun mas a unos niños que se reían de ella y le gritaban “Bitch”; luego la persiguieron y le tocaron su parte trasera. Es increíble el gran trecho que existe entre una cultura y otra. Me es muy difícil comprender esto, pero así fue. Sin intención de juzgar a nadie, creo que se han quedado bastante en el tiempo en relación a otras culturas, sobre todo en lo que tiene que ver con la independencia y liberación de la mujer. Lógicamente ninguno de estos niños son culpables de esta situación, y tal vez yo lo vea así desde mi óptica occidental, pero indudablemente fue una de las cosas que mas me chocó.
Tampoco caben dudas que fue todo una experiencia nueva el haber hecho el esfuerzo de ir a El Cairo, pero es una de las ciudades que no pensaría en volver ya que me dejó con un gusto amargo. Es número uno en el ranking de lo raro y exótico. Una experiencia única hasta ahora aunque espero que irrepetible.
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