miércoles, 2 de septiembre de 2009

Bienvenida a la alemana

Bienvenida a la alemana

En ruta, saliendo de Varsovia hacia Berlín se hizo la noche; ibamos todos durmiendo a excepción de Andrea, que en este momento era la conductora. "Creo que cruzamos la frontera de Polonia con Alemania", nos dijo, "Tendremos que parar?"; una sucesión de bostezos y desperezos prosiguió. "Acá no se ve a nadie", contestó Ariel, "Vos seguí... ya nos daremos cuenta". Seguimos viaje y de a poco nos fuimos despertando uno por uno, volviendo a este mundo real y dejando atrás el de los sueños. Sin saber cómo y en que momento, un patrullero apareció delante nuestro como por arte de magia. No faltaron las bromas sobre el caso: "Mirá si nos llevan en cana", "No será para nosotros", ja...ja...ja... El patrullero enciende un cartel digital que llevaba en la parte del maletero que decía: "Bitte folgen"; esto desató mas bromas aun: "Mirá si dice Están detenidos", ja...ja...ja...; Entre risas y carcajadas nos encontrábamos cuando una tercer señal llegó: la patrulla delante nuestro encendió la sirena con sus luces intermitentes. El silencio reinó la camioneta. No había dudas: la señal era para nosotros. A partir de ese momento seguimos a la policía con atención sin omitir sonido alguno, hasta que vimos que doblaba en una de las entradas que hay en la carretera y paramos delante de ellos. Estábamos todos expectantes; ya las sonrisas de nuestros rostros habían desaparecido. Observamos por el espejo retrovisor que un policía alemán rubio, de muy buen porte, bajó de la patrulla y se dirigía hacia nosotros. "Pafffff!!!!!", un golpe seco y fuerte se escuchó en una de nuestras ventanillas; Ariel bajó el vidrio con temor y el oficial gritó: "keftergenkrujftenrjgengerten.... etc, etc,etc..." con la característica pronunciación alemana de resaltar la letra “ge”; nosotros no entendíamos nada, pero una cosa era clara: estaba muy enojado. Los segundos siguientes fueron ocupados por una sucesión de miradas entre nosotros sin poder omitir palabra, hasta que Alvarito, destacado en el grupo por su tranquilidad y buena disposición para todo, se dirigió al oficial muy suavemente y con tono amigable: "I don´t speak germany". El oficial volvió a enojarse hablando en alemán y haciendo señas que todos comprendimos: Teníamos que seguirlos. Volvió al patrullero y se dirigió por un camino al costado de la ruta. Nosotros los seguimos con atención. La oscuridad era rotunda. Nos hicieron parar en un lugar en donde había otro patrullero con mas oficiales: "Pasports?", nos pide otro policía con tono mas conciliador. Todos procedimos a revolver inmediatamente nuestros bolsos para entregar los pasaportes. Uno por uno fuimos observados con una linterna en la cara y confirmados con nuestras respectivas fotos en los documentos. Por suerte nada les pareció anormal y nos dejaron continuar viaje. Luego de pasado el estado de shock pudimos volver a bromear sobre el tema y retomamos la carretera rumbo a Berlín. Eso sí, de una cosa ya no quedaban dudas: "Habíamos entrado en tierra de Hitler".

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