viernes, 9 de octubre de 2009

Todos los caminos conducen a Roma

Todos los caminos conducen a Roma
Poniendo en la balanza y haciendo un recuentro de nuestros días en Italia, puedo decir que más allá de la tosquedad de la gente, de que se los conozca por ser de "buen manyare" y cuando pedís pasta te sirvan un mísero plato de ravioles y de que las cajeras de los supermercados sean un tanto malhumoradas, me encantó Italia. Es cierto que hay diferencias entre el norte y el sur de la bota pero no les sabría decir con cuál me quedo ya que los dos tienen sus encantos. Lo que si me doy cuenta es que al querer expresarles la belleza de este país, la mente me lleva siempre al mismo sitio: Roma. Una ciudad fascinante en todo sentido; su ritmo, su historia, sus monumentos, su arte; hace que vayas descubriendo cosas a cada instante; ir caminando por una simple callecita y de repente encontrarte con edificios como "El Panteón". Si me lo preguntaban antes, les diría que este edificio, por su porte y sus dimensiones estaría ubicado en un lugar exento, destacado; pero no, en el centro mismo de la ciudad, dando vuelta una esquina, en una plazuela común y corriente. Lo mismo con la "Fontana di trevi", das vuelta otra esquina y te topás con ella. El ir descubriendo le otorga un toque de magia a cada paseo; cuando uno se hace imágenes de algo y luego la realidad te lo muestra completamente diferente, se producen sensaciones de admiración y deslumbramiento difíciles de explicar; esto hace que te mantengas alerta a cada detalle para llevarlo para siempre en tu memoria . En la visita a "San Pedro" presenciamos la misa del Papa Benedicto XVI; a esta altura yo creo que hay que darle crédito a la suerte, pues de casualidad, nuevamente, caímos en un evento símbolo de la ciudad. Creo que algunos acontecimientos son importantes y que forman parte de la identidad de cada lugar, mas allá de las creencias y religión de cada uno. Algunos dirán: "¿Y qué importancia puede tener ver una misa del Papa?"; creo que en esta ciudad es muy importante pues forma parte de su ser cotidiano. El poder vivir este tipo de eventos propios hace que la conozcas mas a fondo. También hace que reflexiones aun mas algunas cuestiones, como ser, la gran contradicción que existe entre la Iglesia como institución y los valores que en ella se promulgan. Para poder entrar a la mágica "Capilla Sixtina" tuve que abonar 14 Euros con descuento de estudiante y así contribuir con el famoso “Instituto para las Obras de la Religión” (Banco del Vaticano); ahí es cuando uno se pregunta donde quedó: “¡Dad al César lo que es del César!”. Igualmente no empañó mi emoción de poder estar allí, imaginandome a Miguel Ángel subido a un incómodo andamio, fastidiado por tener que pintar la enorme bóveda que fue convirtiendo en una maravilla; el poder sentir el olor a sus frescos lo valió. Después de todo, muchas veces terminamos siendo esclavos de nuestras pasiones.
También las demás ciudades me gustaron mucho: Venecia, Florencia, Milán y la Costa amalfitana. Me detengo en ésta última ya que, aparte de otorgarnos el mejor día de playa, podría comparar sus hermosos paisajes con la isla de Santorini; solo que el ir manejando es un poco estresante en esta costa ya que las calles son muy empinadas y angostas. Pero el estrés me duró hasta llegar a Sorrento, en donde nos quedamos un día respirando naturaleza pura. Así que sin irme más por las ramas, sin dudas el saldo en Italia fue positivo. Un país con sus virtudes y sus defectos, pero en donde en cada rincón se respira arte.

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