Una Bienvenida digna de recordar
París es sinónimo de orden y glamour, de elegancia y amabilidad... un lugar donde cada pieza está en su lugar; cuidadosamente pensada. Igualmente como es de costumbre, nuestra llegada fue un tanto caótica, pero nada tiene que ver París en esto sino que todo se reduce a nuestra incapacidad para comunicarnos con los franceses y para ubicarnos en la nueva ciudad. En el aeropuerto nos enteramos que el hotel que habíamos reservado desde Montevideo, y donde nos esperaban Marisa y Alvarito recién llegados de Uruguay, era a las afueras, en la periferia; preguntamos en información y luego de abrir un gran mapa nos contestó: "Out the map"; sabía que quería decir “Out” pero realmente no quería creerlo. Luego de debatir nos decidimos a ir en taxi; "How much the taxi?", preguntamos; “50 Euros”, nos contesta. Sabíamos que París era uno de los destinos mas caros pero nunca nos imaginamos que tanto. No había otra opción que encarar con las combinaciones de trenes así que allá fuimos. Nos tomábamos un tren y otro, y paseábamos de estación en estación, ya que no entendíamos muy bien las indicaciones y le errábamos a la combinación. Volvíamos a lugares en donde ya habíamos estado y volvíamos a tomarnos el mismo tren. Finalmente llegamos a la estación correcta, pero para ese entonces ya había caído la noche. Aunque el lugar estaba totalmente desolado, no sentimos miedo porque el orden seguía reinando. A lo lejos vimos una señora morena que venía en nuestra dirección. Era como salida de unos de los personajes de Eddy Murphy en el "Profesor Chiflado"; le pregunto por la dirección del hotel. Mira a los alrededores y ve un hombre que está saliendo de una casa; le grita desacatadamente como quien pide auxilio si se estuviese ahogando y va en su búsqueda golpeando fuertemente sus tacones altos al correr . El hombre la espera. La escucha atentamente y ella nos hace señas como queriéndonos hacer entender que nos dejaba en buenas manos. Nos saluda enérgicamente y se va. El hombre nos sonríe amablemente y pregunta: “Speak Spanish?”, Yes!!, contestamos a coro con Diego. Se dirige hacia el edificio del que minutos antes había salido, habla con alguien por el portero eléctrico y en unos instantes aparece la hija: “Chog habloug algo dues espagñol”. Estamos salvados, pensé. Mi inglés básico lo había afianzado bastante después de mis 20 días en USA, pero de francés, solo Mergcí. “No sabemos donde queda esta dirección”, y le muestro el papelito con la dirección y teléfonos anotados. Llama por celular al hotel y le indican donde queda. “Cercau”, no dice. Nosotros esperando que nos indique como hacer para llegar la seguimos y nos llevan hasta un auto y nos dice, “Nosotgros los lievamos”. Amablemente nos alcanzaron al Hotel que quedaba a unos minutos de donde estábamos. Fascinados con la hospitalidad demostrada por los franceses en tiempo récord ya que solo hacía tres horas de llegados a París, nos reencontramos con nuestro grupo de amigos en el hotel y nos dispusimos a descansar. Esta ciudad merece ser bien vivida.
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