Un pañuelo...
Nos pasaron el pique de que en el comedor de la "Cité Université" se comía rico y barato ya que es para los estudiantes como nosotros. Ya habíamos ido el primer día que llegamos a París y decidimos volver al cuarto día a poder disfrutar nuevamente de una comida "como en casa". Allá fuimos. Llegamos, pedimos el menú básico de dos euros con ochenta centécimos y nos acomodamos en una mesa a saborear el delicioso arroz con estofado. Cuando estábamos los cinco sentados (Alvarito, May, Andre, Dieguis y yo), con nuestros platos llenos, se oye una pregunta: “¿De donde son?” (obvio que era para nosotros) “Uruguayos”, contesta Alvarito. Un muchacho sentado en la misma mesa nos había escuchado hablar en español; “Yo soy argentino”, contesta el muchacho, “Y él es chileno”, prosigue señalando a su amigo. Él era de Jujuy y estaba becado haciendo un master en París desde hace dos años. Seguimos conversando un poco más de sus vidas y en eso estábamos cuando caen otros dos pibes, saludan y se sientan también en nuestra mesa. Y se integran a la conversación: “Qué? Son uruguayos?, Yo también.”, dice uno de ellos. Montevideano y porteño becados en París por un año. “Son de arquitectura?”, nos dice, y prosigue: “El año pasado me dejaron un montón de cosas de camping un grupo de arquitectura. Si quieren algo les puedo dar porque se me termina la beca en agosto y tengo que deshacerme de las cosas”. Nuestras caras se iluminaron. Sin titubear, Andrea, que había estado callada hasta ese momento,inmediatamente se arma de lápiz y papel y le dice: “Pasame tu teléfono”(de arriba un rayo). A tres días de la entrega de la camioneta ya negociábamos utensillos y sillas de camping; me retracto, más que negociar, nos caían del cielo ya que el pibe no nos pedía nada a cambio. El almuerzo continuó entre bromas y risas conociendo a estos cuatro personajes que, minutos antes, no sabíamos de su existencia y que ahora nos solucionaban, en gran parte, el sustento económico del viaje. “Donde vivís allá en Montevideo?”, le pregunto. “En Carlos María Morales”, contesta. Al oír esto, Marisa salta con otra pregunta: “Ahhh, no conocés a Quique?”. No hubo respuesta a su pregunta ya que al parecer no la escuchó. La conversación se derivó en otros temas y luego de un rato, Marisa vuelve a escuchar algo del Edificio del Banco Hipotecario en Carlos María Morales e insiste: “Pero entonces… no conocés a Federico Ferla?”. El Uruguayo queda sorprendido y dice: “Si hay algo que no esperaba escuchar en el día de hoy es el nombre de Federico Ferla”. Y Marisa vuelve a preguntar: “ Y a Quique?”, él contesta: “Claro, yo dormía en el cuarto de Quique”… El porteño se levanta tomándose la cabeza y con su clásico canto dice: “No puede ser! Son cinco y se conocen todos!!”. Quique es el primo de Marisa que vivió con Federico Ferla (su amigo) en la casa que años después, por esas casualidades de la vida, pasó a ser del hermano de Federico y de sus amigos entre los que se encontraba este muchacho. Un conjunto correlativo de sucesos que confirman, una vez más, la famosa frase de que “el mundo es un pañuelo”.
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