sábado, 20 de junio de 2009

La llegada a la gran city


La llegada a la gran city
Con los minutos contados salimos de Philadelfia temprano para llegar a Nueva York a devolver el auto alquilado a tiempo. Por suerte todo salió como lo planeamos y por nada mas que 10 minutos llegamos en tiempo y forma; a partir de este acontecimiento, el de entregar el auto en el "rentacar", recién pude ponerme a disfrutar el haber llegado a Nueva York. Salimos a buscar el subte que nos llevaba al Hostel reservado que queda cerca del Central Park. Para ello toda una travesía pues hay muchísima gente en las estaciones de trenes y los carteles son bastante confusos. En Chicago se nos hacía mucho mas fácil para decifrar las cosas. Mas allá de eso, mi primera impresión de Nueva York fue muy buena. Preguntando, preguntando se llega a Roma, así que logramos saber cual era el tren para tomarnos. Cuando subimos nos dimos cuenta de que lo que no sabíamos aun era como bajarnos ni qué combinación hacer. Aplicamos nuevamente la regla que nunca falla: preguntar a lo indio; "this", y le mostramos el papelito con la dirección anotada a una pasajera. Increíblemente en seguida nos comprendió y nos dijo algo así como que ella tenía que hacer el mismo recorrido... coincidencia! Los hechos siempre te llevan a que estés ahí en ese momento para que ciertas cosas sucedan; al decir esto me acordé de la película "El curioso caso de Benjamin Button", si la vieron entenderán al instante de lo que hablo; la vida te conduce a una serie de hechos para que se obtenga determinado resultado. Así que la perseguimos cuan los enanos con Blancanieves; a excepción de que ni soy enana, ni éramos siete, pero vale igual la comparación. Logramos dar con la combinación correcta. En el segundo tren que nos tomamos otra vez volví a sentir lo mismo que en la llegada a Chicago: buena energía; tres morenos que se subieron a cantar jazz contribuyeron con esa sensación; hacían la música solo con sus voces, muy disfrutable. Existen dos dichos que se aplican a esta situación pero contradictorios: "Las apariencias engañan", es uno de ellos y "La intuición nunca falla", el otro. En este caso me quedo con el segundo: Tengo la intuición de que ésta ciudad me va a encantar...

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